Forjando Camino

– José Ignacio Morales –

“Aprendí que la mayor “conquista” no era la de la montaña sino la de uno mismo. Decidí dedicar mi vida a la escalada con la esperanza de que me ayudaría a conquistar la debilidad interior y mis miedos.”

– Royal Robbins

Royal Robbins (3 de febrero de 1935 –14 de marzo de 2017) fue uno de los escaladores más influyentes en la historia de la escalada moderna. Como el fruto de una vida en el mundo vertical, su visión y talento se materializaron en audaces ascensiones muy adelantadas a su tiempo y en el desarrollo de técnicas limpias para conquistar lo inalcanzable.

Royal descubrió la escalada en las montañas de la Sierra Nevada en California siendo un joven Boy Scout. No tardó mucho tiempo en darse cuenta que el camino que esas montañas le impusieran sería el elegido. Esa vida lo llevaría a pasar innumerables temporadas en el mítico Camp 4 del valle de Yosemite en California, y posteriormente también a las paredes de los Alpes, las Dolomitas, Alaska y tantas otras en su propio país.

Sus biógrafos y amigos describen a Royal Robbins como una persona introvertida, con un alto sentido de la competitividad, un velado sentido del humor y capaz de expresar opiniones agudas y estrictamente consecuentes con su forma de actuar, que en algún momento la valieron algunos detractores. Su aproximación a la escalada es un ejemplo notable de integridad y perseverancia, ya que fue siempre la magnitud del objetivo lo que determinó los medios – siempre limpios – para conseguirlo. Una simple anécdota ilustra este rasgo. Royal probaba una ruta de escalada libre de gran exposición en el Lake District inglés. Ante la imposibilidad de resolver los movimientos sin protección adicional, que hubiera podido emplazar fácilmente, Royal prefirió bajar antes que poner la ruta a su alcance por medios artificiosos y traicionar la ética local y la suya propia. Poco tiempo después y en mejor condición física, Royal volvió y logró escalar la ruta.

Convencido de que cualquier pared se podría ascender con el uso de herramientas poco éticas, deportivamente hablando, como el exceso de cuerdas fijas o bolts, Robbins, acompañado de célebres escaladores como Yvon Chouinard, Chuck Pratt, Tom Frost y Joe Fitschen, por mencionar algunos, se volcaron a demostrar con el ejemplo lo que era posible lograr en el estilo que proponían. Así, expresó su manifiesto en forma de audaces líneas de escalada con un mínimo impacto y máximo compromiso.

Lo anterior también lo llevó a eliminar bolts colocados por otros escaladores que él consideraba innecesarios, y a defender a brazo partido los estándares de la escalada tradicional. Con todo, con el paso del tiempo su postura se ha moderado y dice haber aprendido a apreciar las virtudes del trabajo realizado por otros escaladores, aun si no comparte su filosofía.

Pretender enumerar todas las ascensiones significativas de Royal Robbins sería tan redundante como innecesario. Valga sólo mencionar, como ejemplo y arbitrariamente, la escalada en libre de lo que se cree es el primer 5.9 de la historia de la escalada; en Yosemite, la primera ascensión de la pared noroeste del Half Dome, la primera ascensión en estilo alpino de The Nose y Dihedral Wall, la primera de Salathé Wall, North America Wall y primer solo de Muir Wall, o vías tan clásicas y disfrutables como Nutcracker, que a su vez marcó la llegada de los stoppers a América desde Inglaterra, de la mano del propio Robbins; y por fin, una de las escaladas en roca más populares de los Alpes, la Directa Americana en el Petit Dru. También fue pionero de la escalada de velocidad, rebajando a menos de la mitad el tiempo de ascensión de la mítica Steck-Salathé en Sentinel Rock, en 1961.

Es ilusorio pretender abarcar la trayectoria de Royal Robbins en tan solo dos mill palabras. En las siguientes líneas, él comparte con nosotros algunos aspectos de su vida en la montaña.

 Royal y Liz Robbins en El Capitan luego del histórico ascenso en solitario de Muir Wall (1968). Foto: Glen Denny.

 

 Royal Robbins (al medio) junto a Tom Frost e Yvon Chouinard en el vivac de la Cueva Negra, sexta noche en la pared durante la primera ascensión de North America Wall o pared este de El Capitán.

Foto: Chuck Pratt

Usted prácticamente inventó la escalada libre, en este sentido debe haber tenido pocos maestros de quiénes aprender. ¿Cuándo y cómo empezó a escalar?

Gracias por tenerme en tan alta estima, pero la “escalada libre” como concepto existía tiempo antes que yo entrara en escena en 1950. Entre los escaladores del sur de California había en esa época una clara distinción entre la “escalada libre” y la “escalada artificial”.

Chuck Wilts, un escalador de punta del sur de California y maestro de quien aprendí, hizo la primera ascensión en libre de la Higher Cathedral Spire en Yosemite y la graduó de 5.8 en 1944. La primera ascensión de esa ruta la hicieron Robinson, Leonard y Eichorn en 1934. Es posible que yo haya creado el primer 5.9 cuando Don Wilson y yo hicimos el primer ascenso en libre del Open Book en Tahquitz Rock en 1952. Existe alguna controversia al respecto (véase “Magos de la Roca – Una historia de la escalada libre en América”, Pat Ament, p. 62). La primera vez que me encordé fue en una salida de los Boy Scouts a la High Sierra cuando tenía 14 años en 1949.

¿Cuándo decidió dedicar su vida a la escalada? ¿Cómo sucedió?

Empecé a escalar seriamente en roca cuando tenía 15 años después de leer “Alta Conquista – Una historia del montañismo”, de Ramsey Ullman. Aprendí que la mayor “conquista” no era la de la montaña sino la de uno mismo. Decidí dedicar mi vida a la escalada con la esperanza de que me ayudaría a conquistar la debilidad interior y mis miedos. Después de leer el libro, viajé tan seguido como pude (normalmente haciendo dedo) 20 millas a las paredes de arenisca en las afueras del Valle de San Fernando a practicar la escalada.

¿Enfrentó alguna forma de presión social cuando tomó su opción por la escalada? ¿Cómo la manejó?

No sé. Siempre fui un poco inmune a la presión social. Nunca, por ejemplo, me gustó fumar y nunca pude entender por qué alguien podría hacerlo, sin saber que la mayor parte de la gente joven lo hace por la “presión social”. En cualquier caso, amaba la escalada y la veía como mi salvación así que estaba dispuesto a hacer los que fuera necesario para escalar.

Hablando de influencias, ¿qué música componía la banda sonora de tantas temporadas y escaladas en Camp 4?

Buena pregunta. Escuchábamos la música de la época, mucho acid rock, pero particularmente disfrutábamos la música folk alrededor de la fogata, a veces en grupo pero siempre escuchando artistas como Hill Briggs o Mort Hempel cantar y tocar la guitarra. Cuando viajé a Gran Bretaña en los ’60 me enamoré de sus canciones tradicionales, especialmente Tom Patey cantando sus propias canciones y acompañándose con el acordeón.

¿Podría mencionar alguna lectura que haya sido influyente? ¿Conocían a H.D. Thoreau o los artistas de la Generación Beat?

Sí, leí a Thoreau y a los poetas y escritores de la Generación Beat, pero las influencias más fuertes en mis años formativos vinieron de Ralph Waldo Emerson y Watt Whitman.

 En El Cap Spire, en 1961. Foto: Tom Frost

Fueron afortunados de tener las vírgenes paredes de Yosemite para explorar. ¿Tenían conciencia de que estaban sentando las bases de la escalada moderna? ¿Podían imaginar el estado actual de la escalada libre? 

Sí, de hecho fuimos afortunados. Ciertamente no teníamos conciencia de estar “sentando las bases”. Éramos sólo unos pocos marginales que habíamos encontrado algo que amábamos y que hacía nuestras vidas incomparablemente ricas. Nunca pensamos que el estado actual de la escalada libre sería lo que es hoy. Lo que los escaladores jóvenes están haciendo es admirable y difícil de creer. ¡Me saco el sombrero!

Se ha escrito mucho sobre las diferencias de estilo y en la aproximación a la escalada que existía entre sus compañeros y usted, y Warren Harding y sus colegas. ¿Podrían contarnos cómo manejaban estas diferencias? 

Había diferencias filosóficas que poco tenían que ver con la estimación personal entre nosotros. Mis compañeros y yo siempre nos llevamos bien con Harding. Por una razón, tenía un gran sentido del humor. También escalábamos juntos (por ejemplo la primera ascensión de la cara sur del Monte Watkins por Harding, Pratt y Chouinard) y bebíamos juntos. Nunca supimos de violencia física.

¿Qué le parece la actual escena de la escalada de velocidad? ¿Es un paso al frente en la evolución de la escalada? 

Creo que las nuevas ascensiones de velocidad son increíbles, y las haría yo mismo si estuviera en condición. Sí, creo que es un paso adelante y comparte mucho el espíritu de las ascensiones de velocidad del pasado. Es cierto también que a veces el desafío de subir una ruta con buen estilo perjudica un poco el lado estético de la escalada.

 Tom Frost, Royal Robbins, Chuck Pratt e Yvon Chouinard. Foto: Colección Tom Frost.

 

Royal Robbins y Chuck Pratt en El Cap Spire durante la apertura de Saltaré en 1961. Foto:Tom Frost.

Además de un destacado atleta, también fue un exitoso empresario. ¿Cómo aplicó las lecciones aprendidas en la naturaleza al ambiente de los negocios? 

Vendimos el negocio en 2003, aunque aún lleva mi nombre. Lo más importante que aprendí de la escalada que he aplicado a los negocios es el poder de la perseverancia: el mejor camino al éxito es no rendirse. Chouinard, que es un genio en los negocios, tiene mucha más autoridad para referirse al tema.

Usted ha sido testigo del impacto del turismo en ambientes naturales desarrollados para el acceso público, como el valle de Yosemite o las Torres del Paine. En su opinión, ¿cómo se podría conservar mejor estos espacios?

No conozco el caso del Paine, pero creo que nuestros Parques Nacionales representan un buen equilibrio entre las difíciles tareas de preservar el recurso y permitir el acceso también. Si se permite el acceso, hay que aceptar un cierto margen de degradación del recurso, eso es una realidad. Cómo vivimos con ello, depende de dónde ponemos la mente. Es posible, con la actitud adecuada, caminar por el bosque en el urbanizado valle de Yosemite y no escuchar ni ver ningún rastro de presencia humana.

¿Cree que los proyectos de conservación privada, como los de Yvon Chouinard o Douglas Tompkins en el sur de Chile, son mejores medios de conservación?

No me siento con autoridad para referirme a los desafíos de Chile, pero estoy muy de acuerdo con la compra de tierra para fines de conservación, como Chouinard y Tompkins lo han hecho.

Esta es difícil: ¿cuál diría que es la mejor ruta que ha abierto, en cualquier parte del mundo? 

No es tan difícil. Lo he pensado muchas veces. Mi ruta favorita es una que guardaría si tuviera que dejar todas las demás. Esa sería Salathé Wall o la cara suroeste de El Capitán. Esa ruta nos dio la mejor combinación de alta aventura (lanzarse a lo desconocido), hermosa roca, variados problemas y longitud que jamás experimentamos. No es la ruta más difícil, pero es la más bella.

Quizás un poco más fácil: ¿cuál ha sido la ruta más disfrutable de su vida? 

Hay distintos niveles de disfrute. Para un “big wall” me quedaría con la Salathé o quizás nuestra ruta de 1957 en la cara noroeste del Half Dome. Para una ruta más corta, Nutcracker en Yosemite es difícil de superar. Esta fue una bella ruta de 180 metros que abrimos en 1968 con mi esposa Liz, usando sólo tuercas como protección. Además de convertirse en la ruta más popular de Yosemite, representaba el adiós a los pitones y demás tecnología destructiva de la roca y la bienvenida a la protección silenciosa y no-destructiva.

Usted sobresalió como escalador por muchos años pero aún después de eso comenzó a hacer kayak y realizó numerosos primeros descensos. ¿Puede contarnos más sobre este cambio de vida? ¿Dejó totalmente de escalar? 

En 1978 sufrí de artritis en las muñecas y tobillos y tuve que dejar de escalar. El kayak de aventura era algo que igual podía hacer y que era desafiante, al aire libre y natural, así que me embarqué en eso. Además, había muchas cosas nuevas por hacer. Dejé totalmente la escalada y viajé por el mundo buscando primeros descensos, frecuentemente con mi amigo Doug Tompkins. A finales de los ’80 la artritis se fue y pude empezar a escalar de nuevo. Ahora hago las dos cosas. Lo que sea que suceda de aquí en adelante, he llevado un vida plena y no tengo ninguna queja.

 

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Royal Robbins, 1935 – 2017. Foto: Pat Ament